Este edificio sigue el patrón de la tipología más común del casco histórico de Pamplona. Constructivamente se trata de una edificación en altura de un entramado de maderas locales apoyados a lo largo de seis niveles sobre muros de ladrillo macizo hasta llegar al nivel de la cubierta. Dentro de las limitaciones de una parcela gótica, con acceso al aire y la luz solo en sus extremos, esta parcela se encuentra dotada de un pequeño patio interior que introduce la posibilidad de una ventilación cruzada. A pesar de ello la dependencia de las exiguas fachadas es absoluta. El desarrollo del proyecto incluyó la instalación de un ascensor y la eliminación de barreras arquitectónicas en el acceso a las viviendas.