sta intervención construyó el edificio más pequeño del conjunto de edificaciones que constituyen el Colegio San Ignacio, en Pamplona-Iruña. España. Un conjunto edificado que suma intervenciones empezadas a mitad de siglo XX.
Los usos de esta nueva edificación fueron múltiples: ampliación de sótano para sala de calderas, capilla de diario, nueva sacristía, eliminación de barreras arquitectónicas del conjunto, ampliación de recorrido de ascensor preexistente, auditorio y aula magna, terraza de usos múltiples.
El patio libre que ocupó este proyecto requirió de una aprobación urbanística particular, al tratarse de un espacio residual, previamente usado como carbonera y perrera, fuertemente condicionado por alineaciones y rasantes de planta adecuadas a 1950 pero desconectadas de los normativas vigentes en la Pamplona actual.
Sin fachada propia en la calle principal, sí dispone de fachada propia en su orientación oeste, posterior, visible sólo desde un patio interior privado compartido con un edificio gubernamental.
La fachada de este nuevo edificio tenía que resolver la escasa interrupción de nueve metros de vacío entre los edificios preexistentes.
Los nueve metros libres de fachada se presentaban como el único vacío en un conjunto unitario donde el ladrillo cara vista es el material predominante.
Sorpresivamente, nuestro edificio se resolvió sumándose a una estructura inesperada: la tapia. De esta se usó también su textura, material y color. Dejando libre la composición de la nueva fachada de la apabullante presencia de las masas construidas a ambos lados, de la imposición de un ladrillo cara vista fuera de mercado y de alineaciones geométricas ajenas al nuevo uso del espacio interior.
La aprobación de esta decisión permitió adelantar su fachada respecto a las alineaciones existentes de los edificios adyacentes, lo cual aumentó el espacio útil interior, principal deficiencia del solar.
El fijar la atención en esta previamente insignificante tapia, permitió eludir el problema compositivo de unir edificios preexistentes pero independientes, más semejantes que iguales, construidos para distintos usos y en distintos momentos.
Para el interior, esta solución nos dio independencia para servir con libertad a los usos del nuevo edificio proyectado y para el exterior, permitió sumar el jardín preexistente al nuevo conjunto con naturalidad.
Sin dejar de ser la fachada más pequeña de un conjunto que supera los 140 metros de longitud, esta pequeña capilla encontró un papel digno para su fachada posterior al asumir, paradójicamente, un papel destacado en el conjunto, análogo a una dovela en posición de clave, en un arco de medio punto.