Esta intervención es el edificio más pequeño del conjunto formado por el Colegio San Ignacio, en Pamplona-Iruña. España. Requirió una aprobación urbanística particular.
Sin fachada propia en la calle principal, sí dispone de fachada propia en su orientación oeste, posterior, visible sólo desde un patio interior privado compartido con un edificio gubernamental.
La fachada de este nuevo edificio tenía que resolver la escasa interrupción de nueve metros de vacío entre los edificios preexistentes.
Los nueve metros libres de fachada se presentaban como el único vacío en un conjunto unitario donde el ladrillo cara vista es el material predominante.
Sorpresivamente, nuestro edificio se resolvió adelantando su fachada respecto a las alineaciones previas y además sumándose a una estructura inesperada: la tapia. Se usó ademlás su textura, material y color.
De este modo, esta previamente insignificante tapia, nos permitió eludir el problema compositivo de unir edificios preexistentes e independientes sin introducir nuevos materiales.
Esta solución nos dio independencia para servir con libertad al espacio interior del proyecto y sumó el jardín preexistente al conjunto con naturalidad.