Cherrez y Cantera. Estudio de Arquitectura + Galería de Arte

Otra Política

8/01/2018 En Actualidad Por Xavier Chérrez 0 comentarios
Cuando me veo en la situación de escribir un correo muy largo por no haber tenido tiempo de escribir uno más corto, he hecho mía la costumbre de explicarlo sencillamente así, y siempre habrá quien no lo entienda en esta época de las prisas hacia no se sabe dónde.
Esta aparente contradicción encierra una valiosísima enseñanza, que cualquiera que se dedique al arte, en alguna de sus formas y manifestaciones, entiende y siente con especial lucidez; el artista es consciente del enorme esfuerzo, tiempo y dedicación que requiere la síntesis o ejecución de algo bello; entendido como síntesis expresiva qué cuanto más sencilla en apariencia es, más intensa es la expresión de la belleza que condensa.
El inolvidable profesor Ernst Gombrich  expresaba esta idea ampliando su campo de una forma inmejorable:
“…siempre habrá artistas hombres y mujeres favorecidos por el maravilloso don de equilibrar formas y colores hasta dar en lo justo, y, lo que es más raro aún, dotados de una integridad de carácter que nunca se satisface con sus soluciones a medias sino que indica su predisposición a renunciar a todos los efectos fáciles a todo éxito superficial en favor del esfuerzo y la agonía propia de la obra sincera. Los artistas, creemos, existirán siempre. Pero si también el arte ha de ser una realidad depende en no escasa medida de nosotros mismos, su público. Por nuestra indiferencia o nuestro interés, por nuestros prejuicios o nuestra comprensión, nosotros decidiremos su continuidad. Somos nosotros quienes tenemos que mirar que el hilo de la tradición no se rompa y que se ofrezcan oportunidades a los artistas para que acrecienten la preciosa sarta de perlas que constituyen nuestra herencia del pasado”.
Recientemente he coincidido con dos grandes personas y artistas, Antonio Santurio y Fernando Montero de Espinosa. Ambos con una sólida formación académica en Bellas Artes, a la vez que plenamente libres, y a plena producción en sus talleres. Compartiendo con ellos un trozo de vida y hablando apasionadamente de arte, recordamos esta síntesis del maestro vienés y británico. Comprobamos como compartimos a la hora de pintar o esculpir, dibujar o proyectar, que encontramos la felicidad; una  felicidad que no se halla en disfrutar ilusiones, sino en combatir desilusiones y en enfrentarnos optimistas a la inexorable mediocridad de la existencia.
Xavier Chérrez
Arquitecto

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